Boletín de Formación

Fin de semana de Cuaresma

20 de marzo de 2020

Desde hace sólo unas horas, con el inicio del equinoccio de la primavera comenzaba la estación del año más esperada. Casi por definición, la primavera es el periodo del año en el que campos y bosques toman los colores más hermosos, las tierras se labran y parques y jardines muestran su belleza más exuberante.

Este domingo debería producirse uno de esos momentos que forma parte del anuncio de lo inminente, la “mudá” del paso hasta el templo de San Andrés. El paso es como uno de esos campos o jardines que van a ser arados y trabajados en nuestras tierras. Con cuidado, de manera delicada y afanosa, los priostes van a transformar una estructura de hierro y madera en el más hermoso jardín donde nuestros Sagrados Titulares son depositarios de tantas preces y rogativas.

Pero este año no podrá ser así.

Podemos emplear este tiempo en tantas cosas. Podemos leer aquel libro que hemos aplazando por falta de tiempo o ver aquella película que, cansados del día, íbamos dejando para otro momento, todo esto valorando la presencia de la familia con quien podemos hablar y escuchar con no hacemos como deberíamos. Pero, también podemos sacar un rato para meditar y rezar.

Pidamos al Señor por aquellas personas cercanas, de nuestra Hermandad o no, que están enfermos. Por ejemplo, pidamos por nuestra hermana Conchita, en la confianza de que, por intercesión de la Virgen de las Penas, se restablecerá pronto.

         Todos tenemos cerca algún familiar o amigo que lo está pasando mal, unos porque se han contagiados por el virus que tanto nos preocupa; otros porque han perdido su puesto de trabajo convencidos de recuperarlo cuando esta situación se normalice; otros, porque saben que lo van a perder y no pueden hacer nada. Cuántos no tenemos familiares de edad avanzada que nos preocupa y que viven con temor cada día. Personas a las que les embargan la tristeza y que cualquier gesto nuestro puede ayudar a levantar su ánimo.

         Oremos también por nuestros familiares, por quienes tenemos más cerca. Seamos transmisores de paz, de calma, de alegría.

         Cada uno de nosotros pidamos por cada uno de nosotros, hagámonos fuerte en la oración para estando cerca del Padre sentir la presencia de nuestros hermanos.

Evangelio IV Domingo de Cuaresma. Ciclo A. Cfr. Jn 9,1-4. 1

Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron:

—Rabí, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres?

Jesús contestó: —Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido para que se revele en él la acción de Dios. Mientras es de día, tenéis que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos y le dijo:

—Ve a lavarte en la alberca de Siloé –que significa enviado–.

Fue, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban:

—   ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?

Unos decían: Es él. Otros decían: No es, sino que se le parece. Él respondía:

 —Soy yo.

Así que le preguntaron: Cómo [pues] se te abrieron los ojos? Contestó:

 —Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista. Le preguntaron:

 — ¿Dónde está él?

 Responde: —No sé. (…)

 Oyó Jesús que lo había expulsado y, cuando lo encontró, le dijo:

 — ¿Crees en el Hijo del Hombre? Contestó: — ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

 Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo.

Respondió: Creo, Señor. Y se postró ante él. Jesús dijo:

 —He venido a este mundo a entablar un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos.

Palabra de Dios.

Oración

Dios mío, cura mi ceguera espiritual.

Quiero abrir mis ojos a Tu realidad, mi Dios,

para vivir siempre en la confianza.

Mi Señor, mi Padre Santo,

toma ahora por completo mi vida: mi presente,

mi futuro, mis planes, mis sueños, mis deseos,

mi familia, todo lo que poseo.

Toma ahora por completo:

mi tiempo, mis talentos, mi capacidad,

los días que me quedan por vivir,

todo te entrego a tí con todo mi corazón.

Y que tu reino, tu gobierno, y tu autoridad